Avui comença la tardor…

… i per commemorar-ho faig referència al fragment del libre Historia de un gran país de Bill Bryson, del que ja parlava fa uns dies, en el que descriu la tardor a Nova Anglaterra als Estats Units. M’agradaria compartir-ho amb vosaltres aquí a la Catifa Voladora.

¡Ah el otoño!
Cada año por estas fechas, durante un lapso que resulta doblemente hechizante por su brevedad -de una semana, o así-, un episodio tiene lugar a nuestro alrededor. Nueva Inglaterra entera estalla de color. Todos esos árboles que durante meses formaban un sombrío telón de fondo verde oscuro de pronto explotan en un millar de tonos exuberantes, y el paisaje, en expresión de Francés Trollope, se convierte a la gloria.

Con la excusa de documentarme para mis escritos, ayer fui en coche a Vermont y regalé a mis estremecidos pies con la ascensión del monte Killington, esplendoroso promontorio situado a 1291 metros en el corazón de las Green Mountains. Ayer era uno de esos suntuosos días en que el mundo está impregnado del aroma del otoño, de una perfección vivida y punzante, y el aire es tan límpido y claro que pensaríais que podríais hacerlo tintinear con un dedo, como si fuera una reluciente copa de vino.Hasta los colores eran punzantes: el nítido azul del cielo, los campos de un verde intenso, las mil tonalidades luminosas de las hojas. Te quedas verdaderamente boquiabierto cuando cada árbol del paisaje adquiere identidad propia, cuando todo serpenteante camino de tierra y oronda ladera aparece dotado, de forma repentina y absoluta, de los tonos más vívidos de que la naturaleza puede ofrecer: el escarlata llameante, el oro lustroso, el bermellón palpitante, un anaranjado de carácter fiero.

Disculpadme si me he puesto tan efusivo, pero resulta imposible describir un espectáculo tan magnífico sin ponerse a farfullar. Hasta el célebre naturalista Donald Culross Peattie, hombre cuya prosa era tan seca que podría ser empleada para el fregado de los suelos, perdió la cabeza por completo cuando le tocó describir la maravilla del otoño de Nueva Inglaterra.
[…]

Para empezar, el paisaje de Nueva Inglaterra aporta un entorno sin rival en ningún otro rincón de Norte América. Sus iglesias blancas y soleadas, sus puentes cubiertos, sus granjas coquetonas y sus pueblecitos arracimados ofrefall-tree-carecen el complemento ideal a los vívidos tonos terrosos de la naturaleza. Además, la región cuenta con una variedad de árboles infrecuentes en otras latitudes: robles, hayas, álamos temblones, zumaques, cuatro variedades de arces e infinitas especies aportan un contraste que anonada los sentidos. Por último, y por encima de todas las cosas, aquí se dá el perfecto equilibrio del clima otoñal, con noches de un frío punzante y días cálidos y soleados que llevan a todos los árboles de hoja caduca a orquestrar un clímax en perfecta coordinación. Así que no lo dudéis. Durante unos pocos, gloriosos días de octubre, Nueva Inglaterra es, sin la menor duda, el lugar más hermoso del planeta.

El Bill Bryson acaba l’article anomenant a John Denver, autor de la cançó Take me home, Country road. La casualitat va ser que l’endemà de publicar aquest article, el 13 d’0ctubre de 1997 aquest cantautor moría en accident d’avió a California.

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